¿Hasta dónde una diferencia cultural justifica una situación que me genera malestar?

Hay una pregunta que aparece con frecuencia en personas que migraron o que construyen vínculos con alguien de otra cultura: ¿será que esto me molesta porque crecimos con normas distintas?

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¿Hasta dónde una diferencia cultural justifica una situación que me genera malestar?
Photo: John Diez in Pexels

Es una pregunta que aparece con frecuencia cuando trabajamos con personas que migraron o que construyen vínculos con alguien de otra cultura.

Y suele empezar con una duda muy humana:

"¿Será que esto me molesta porque crecimos con normas distintas?"

Es una pregunta válida. Comprender el contexto del otro puede ayudarnos a interpretar mejor algunas conductas.

Pero hay un punto que muchas veces queda en silencio — y que, al mismo tiempo, es el corazón del conflicto:

Aunque exista una diferencia cultural… ¿eso me obliga a dejar de escuchar lo que estoy sintiendo?


Porque, poco a poco, puede instalarse una idea difícil de detectar: la de que, para ser una persona abierta o respetuosa, uno debería adaptarse a todo.

Y ahí aparece la culpa.

Culpa por sentir incomodidad.

Culpa por no poder "resolverlo" únicamente con comprensión.

Culpa por pedir límites.

Culpa por necesitar que la relación cuide de la propia sensibilidad, y no solo de la de la otra persona.


Hasta ese punto, comprender al otro puede enriquecer el vínculo.

Las diferencias culturales muchas veces nos invitan a revisar nuestras propias costumbres y a descubrir otras maneras de vivir, de comunicarse y de entender el mundo.

Pero cuando la comprensión se convierte en una explicación para todo, puede empezar a pasar algo más: deja de ser un intento de encuentro y empieza a volverse un argumento para poner en duda aquello que estamos sintiendo.


Comprender una conducta y aceptarla son dos cosas diferentes.

Uno puede comprender que alguien actúe de determinada manera por su historia, por su cultura o por su contexto.

Y, aun así, decidir que eso no es compatible con el tipo de relación que quiere construir.


Entonces, quizás la pregunta no sea solamente:

"¿Es cultural?"

Quizás también sea:

"¿Cómo me hace sentir esto y qué necesito hacer con ese malestar?"

Porque comprender al otro no implica renunciar a comprenderse a uno mismo.


Tal vez el desafío no sea elegir entre una mirada y la otra, sino aprender a sostener ambas al mismo tiempo: intentar comprender el contexto del otro, sin dejar de preguntarnos qué lugar ocupan también nuestras propias necesidades en esa relación.


Si estás atravesando un proceso migratorio y estas preguntas resuenan con lo que estás viviendo, puede ser útil contar con un espacio donde comprender mejor lo que está ocurriendo.


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