Vivir entre dos culturas: cuando no te sientes de aquí ni de allá

La sensación de no pertenecer del todo a ningún lugar y cómo construir una identidad integrada entre culturas.

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Vivir entre dos culturas: cuando no te sientes de aquí ni de allá

La sensación de no pertenecer del todo a ningún lugar y cómo construir una identidad integrada entre culturas.

Vuelves a tu país de origen.

Todo parece familiar.

Las calles.

Los acentos.

La comida.

Las personas que te conocen desde antes.

Pero algo cambió.

No necesariamente en el lugar.

A veces cambiaste tú.


También puede pasar al revés.

Estás en el país donde vives ahora.

Tienes una rutina.

Conoces la ciudad.

Entiendes los códigos.

Quizás incluso ya hablas el idioma.

Y aun así, hay momentos en los que sientes que no terminas de pertenecer del todo.


El mito de la adaptación completa

Muchas personas imaginan la adaptación como una meta.

Como si un día, después de suficiente tiempo, uno finalmente pudiera decir:

"Ya estoy completamente adaptado."

Pero la experiencia migratoria suele ser más compleja.

A veces no se trata de dejar de extrañar.

Ni de volver a ser quien éramos antes.

Ni de convertirnos por completo en alguien nuevo.

A veces se trata de aprender a vivir con distintas pertenencias al mismo tiempo.


Vivir entre dos culturas no siempre significa estar dividido.
A veces significa estar construyendo una identidad más amplia.

Lo que cambia cuando migramos

Migrar no solo cambia el lugar donde vivimos.

También transforma la forma en que nos pensamos.

Cambia nuestros vínculos.

Nuestros códigos culturales.

Nuestra manera de hablar.

La forma de criar.

La forma de trabajar.

La forma de pedir ayuda.

La forma de entender qué significa estar cerca de otros.


Cuando no te sientes de aquí ni de allá

Esta sensación puede aparecer de muchas formas.

  • Sentirte extranjero en el país donde vives
  • Sentirte diferente cuando vuelves a tu país de origen
  • Cambiar de idioma o de forma de ser según el contexto
  • Sentir que ciertas partes de ti no encajan en ningún lugar
  • Extrañar una versión de ti que ya no existe igual

No siempre es una sensación dramática.

A veces es sutil.

Como si algo quedara ligeramente fuera de lugar.

Como si siempre hubiera una pequeña traducción interna ocurriendo.


En adolescentes, esto puede ser especialmente intenso

Durante la adolescencia aparece una pregunta central:

¿Quién soy?

Cuando además existe una experiencia migratoria, esa pregunta puede volverse más compleja.

Un adolescente puede sentir que no encaja del todo con sus pares del nuevo país.

Pero tampoco sentirse igual que sus amigos del país de origen.

Puede sentirse demasiado extranjero aquí.

Y demasiado cambiado allá.


No siempre hay que elegir

Muchas personas migrantes sienten que tienen que elegir entre dos mundos.

Entre el país de origen y el país actual.

Entre una lengua y otra.

Entre una forma de ser y otra.

Pero muchas veces el objetivo no es elegir.

Es integrar.

Encontrar una manera propia de habitar lo que se fue construyendo en distintos lugares.


Entonces, ¿Qué puede ayudar?

Nombrar la experiencia.

Entender que no se trata de una falla personal.

Darse tiempo.

Buscar espacios donde no haya que explicar todo desde cero.

Construir vínculos con personas que comprendan la experiencia migratoria.

Y permitir que la identidad no sea una respuesta cerrada, sino algo en movimiento.


La identidad no siempre se construye eligiendo entre dos mundos.
A veces se construye aprendiendo a vivir entre ellos.

Si estás atravesando un proceso migratorio o acompañando a un adolescente que intenta adaptarse a una nueva cultura, puede ser útil contar con un espacio donde comprender mejor lo que está ocurriendo.


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