¿Por qué algunos adolescentes siguen sin adaptarse años después de emigrar?

Llevan años en el nuevo país, pero el adolescente no sale, no tiene amigos y se encierra en la habitación. Reflexiones para mirar más allá de la conducta, entender el papel de los videojuegos y acompañar el proceso de pertenencia sin culpas.

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¿Por qué algunos adolescentes siguen sin adaptarse años después de emigrar?
Imagen creada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos.

"Ya pasaron cuatro o cinco años. ¿Cómo puede ser que todavía no tenga amigos?"

Es una pregunta que escucho con frecuencia de madres y padres que emigraron con sus hijos.

Al principio, es esperable que la adaptación lleve un tiempo. Todo es nuevo: el idioma, el colegio, las costumbres, la forma de relacionarse.

Pero cuando pasan los años y un adolescente sigue sin encontrar un grupo con el que sentirse cómodo, muchos padres empiezan a preguntarse qué está pasando.

A veces describen situaciones parecidas:

"Va al colegio, vuelve a casa y se encierra en su habitación."

"No sale con amigos."

"Se pasa horas jugando videojuegos."

Y aparece una duda difícil de responder:

"¿No tendría que haberse adaptado ya?"

Adaptarse no significa solamente aprender el idioma

Cuando pensamos en la adaptación, solemos fijarnos en aspectos visibles.

Que el adolescente aprenda el idioma.

Que apruebe el colegio.

Que pueda desenvolverse en la ciudad donde vive.

Todo eso es importante.

Pero sentirse parte de un grupo es otra cosa.

Durante la adolescencia, gran parte de la identidad se construye a través de los vínculos con otros jóvenes. Encontrar un lugar donde sentirse aceptado suele ser tan importante como adaptarse al sistema educativo o aprender una nueva lengua.

El tiempo, por sí solo, no siempre resuelve las cosas

Existe la idea de que la adaptación llega simplemente con el paso de los meses.

Sin embargo, no siempre ocurre así.

Algunos adolescentes logran construir nuevas amistades rápidamente. Otros necesitan mucho más tiempo. Y algunos pueden quedar atrapados en una especie de pausa, donde los días transcurren entre el colegio y la casa, mientras la vida social parece no terminar de despegar.

Eso no significa necesariamente que no quieran relacionarse.

A veces puede resultar muy difícil volver a empezar cuando se siente que los demás ya encontraron su lugar.

¿Y si los videojuegos no fueran toda la explicación?

Es comprensible que muchos padres se preocupen cuando sienten que su hijo pasa demasiadas horas frente a una pantalla.

Pero antes de preguntarnos únicamente cuánto juega, quizás también valga la pena preguntarnos qué encuentra allí.

Es posible que el entorno virtual ofrezca algo que hoy le cuesta encontrar fuera de la pantalla: un espacio donde sentirse parte de un grupo, compartir intereses o simplemente relacionarse sin la incertidumbre que pueden generar algunos encuentros presenciales.

Esta no es la única explicación posible, pero puede ser una forma de intentar comprender por qué el juego ocupa un lugar tan importante para algunos adolescentes migrantes.

La adaptación también es encontrar con quién compartir la vida

Cuando hablamos de integración, solemos pensar en papeles, colegio o idioma.

Sin embargo, para muchos adolescentes hay una pregunta mucho más importante:

"¿Tengo con quién pasar la tarde?"

Sentirse parte de un grupo no es un detalle dentro del proceso migratorio.

Muchas veces es uno de sus aspectos más importantes.

Mirar más allá de la conducta

Cuando un adolescente pasa mucho tiempo encerrado en su habitación, es natural que los adultos intentemos cambiar esa conducta.

Pero, en ocasiones, puede ser útil detenernos un momento antes de buscar soluciones.

Preguntarnos qué lugar ocupa hoy esa habitación.

Qué encuentra en los videojuegos.

Qué siente cuando piensa en salir.

Qué experiencias ha tenido al intentar acercarse a otros.

No porque exista una única respuesta.

Sino porque comprender una conducta suele ser un mejor punto de partida que intentar eliminarla.

Un proceso que merece ser escuchado

Cada adolescente vive la migración de una manera diferente.

Para algunos, hacer nuevos amigos ocurre con relativa facilidad.

Para otros, construir un sentimiento de pertenencia puede llevar mucho más tiempo del que imaginaban ellos mismos o sus familias.

Cuando ese proceso se prolonga, no siempre significa que el tiempo haya hecho mal su trabajo.

A veces puede ser una invitación a mirar con más profundidad qué está necesitando ese adolescente para encontrar, poco a poco, un lugar donde sentir que también pertenece.


Si estás atravesando un proceso migratorio y estas situaciones resuenan con lo que estás viviendo, puede ser útil contar con un espacio donde comprender mejor lo que está ocurriendo.


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