Cuando volver a tu país ya no se siente como volver a casa

Muchas personas imaginan que volver a su país se sentirá como regresar a casa. Sin embargo, después de migrar, el reencuentro con el lugar de origen puede despertar emociones inesperadas.

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Cuando volver a tu país ya no se siente como volver a casa

La experiencia de regresar al lugar de origen y descubrir que algo cambió. A veces el país sigue ahí. Otras veces quien cambió somos nosotros.

Volviste.

Quizás después de meses.

Quizás después de años.

Durante mucho tiempo imaginaste ese momento.

Las calles conocidas.

Los olores.

La comida.

Las personas que extrañabas.

Todo aquello que durante tanto tiempo representó la idea de hogar.


Y sin embargo, algo se siente diferente.

No necesariamente peor.

Simplemente distinto.

Como si estuvieras mirando un lugar familiar con ojos nuevos.


Una experiencia más frecuente de lo que parece

Muchas personas migrantes describen una sensación similar cuando regresan a su país de origen.

Esperaban sentirse completamente en casa.

Pero descubren algo inesperado.

Ya no se sienten exactamente iguales a quienes se quedaron.


Las conversaciones son distintas.

Las costumbres se perciben de otra manera.

Algunas referencias ya no resultan tan familiares.

Y ciertas partes de la vida que antes parecían normales ahora llaman la atención.


A veces pensamos que volveremos al lugar que dejamos.

Pero el tiempo también pasa allí.

Y nosotros tampoco somos los mismos.

Cuando el hogar existe en el recuerdo

La memoria suele conservar lugares y momentos de una manera particular.

Recordamos personas.

Rutinas.

Paisajes.

Versiones de nosotros mismos.


Pero el hogar que extrañamos muchas veces no es solamente un lugar.

También es una etapa de la vida.

Una red de vínculos.

Una sensación de pertenencia.

Una forma conocida de estar en el mundo.


Por eso algunas personas sienten una tristeza difícil de explicar después de volver.

No porque el viaje haya salido mal.

Sino porque descubren que no es posible regresar exactamente al mismo lugar emocional.


Sentirse extranjero en dos lugares

Una de las experiencias más complejas de la migración aparece cuando comenzamos a sentirnos diferentes en ambos lados.

En el país donde vivimos actualmente.

Y también en el país del que venimos.


Algunas personas lo describen así:

  • Aquí sigo siendo extranjero.
  • Allí ya no soy exactamente el mismo.
  • No termino de pertenecer del todo a ninguno de los dos lugares.

Aunque puede resultar desconcertante, esta experiencia es frecuente.

Y no significa que haya algo mal.

Muchas veces forma parte de la transformación que produce vivir entre culturas.


Lo que suele ocurrir en los adolescentes

Cuando los adolescentes regresan al país de origen también pueden experimentar esta sensación.

Esperaban reencontrarse con amistades o familiares exactamente donde los habían dejado.

Pero durante ese tiempo todos siguieron creciendo.


Los grupos cambian.

Las relaciones evolucionan.

Las personas construyen nuevas experiencias.


A veces aparecen preguntas difíciles:

¿Dónde pertenezco realmente?

¿Quién soy ahora?

¿Con quién me identifico?


Son preguntas normales cuando la identidad se está construyendo en más de un lugar al mismo tiempo.


No siempre hay que elegir

Existe la idea de que deberíamos sentirnos completamente identificados con un único lugar.

Pero la experiencia migratoria suele ser más compleja.


Algunas personas descubren que pueden sentirse conectadas con más de una cultura.

Con más de una ciudad.

Con más de una forma de entender el mundo.


Y aunque esa posición a veces genere dudas, también puede convertirse en una fuente de riqueza personal.


No siempre se trata de volver a ser quien éramos antes.

A veces se trata de integrar todo lo que hemos vivido en el camino.

Entonces, ¿Qué puede ayudar?

Aceptar que el cambio forma parte de la experiencia migratoria.

Reconocer que es posible extrañar y, al mismo tiempo, construir algo nuevo.

Hablar de estas emociones.

Buscar espacios donde no sea necesario explicarlo todo desde cero.

Y permitirse habitar una identidad que sigue transformándose.


Porque muchas veces el hogar deja de ser un único lugar.

Y comienza a construirse a partir de las personas, los vínculos y las experiencias que llevamos con nosotros.


Si estás atravesando un proceso migratorio o acompañando a un adolescente que intenta adaptarse a una nueva cultura, puede ser útil contar con un espacio donde comprender mejor lo que está ocurriendo.


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